Por
Rodrigo Gallegos
La
banca móvil no es otra cosa más que hacer operaciones bancarias a través de
mensajes de texto en un celular, sin la necesidad de Internet. Hasta ahora, en
México hemos adoptado el modelo básico de banca móvil que permite a los usuarios
consultar sus saldos, hacer transferencias entre cuentas y bancos, pagar
tarjetas de crédito y servicios (teléfono, luz, televisión, etc.) y comprar
tiempo aire desde cualquier tipo de celular. Estos servicios se pueden realizar
con cualquier modalidad de pago (prepago, pospago y mixtos) y desde cualquier
parte de la República Mexicana y el extranjero. Aunque esto ya es un enorme
beneficio para muchos, el siguiente paso –que ya funciona en países como
Filipinas y Kenia– es aún más importante, ya que permite que los usuarios depositen
y retiren efectivo que les llega vía mensaje de texto con “agentes” (por
ejemplo, vendedores de tarjetas de tiempo aire).
Los grandes beneficios de la banca móvil
El primero y más inmediato es que 50 millones de mexicanos que hoy
no cuentan con servicios financieros, pero sí con un celular, podrán acceder a
estos servicios por primera vez de forma simple y ágil. Esto reducirá sus
costos de transacción, ya que se eliminarían los trámites y traslados
innecesarios que hoy se realizan para pagar deudas y servicios cotidianos.
El segundo gran beneficio –que se verá en el mediano plazo– es que
la banca móvil podrá proveer de servicios financieros a los más de 20 millones
de mexicanos pobres que viven en zonas rurales.
Esta población nunca hubiera podido tener tales servicios por el
alto costo que implica llevarlos a sus comunidades. Sin embargo, la banca móvil
reduce entre 50 y 70% el costo de proveerlos1, lo que genera una mejora
significativa, especialmente para un grupo que depende tanto de las
transferencias externas. Cerca del 50% de los ingresos monetarios de los
mexicanos más pobres2 provienen de remesas, mientras que otro 15% depende de
subsidios gubernamentales como el programa Oportunidades.
En otras palabras, la banca móvil evita que las familias más pobres
tengan que caminar horas para recibir cualquiera de estas transferencias o
pagar altas comisiones por ellas. También implica un ahorro sustancial en la
distribución de subsidios asistenciales. En un futuro no muy lejano, estos
mexicanos podrán cambiar las remesas que recibieron (vía mensajes en su
celular) por efectivo con un “agente” que puede ser la tienda de la esquina, la
oficina de correos, los centros Diconsa o Liconsa, o bien, los vendedores de tarjetas
de prepago de celular (como en Filipinas). Es decir, todos podremos obtener
dinero en cualquier parte del país.
Esto es relevante, ya que la distancia entre los agentes y los usuarios
será clave para el futuro de esta banca. Estudios recientes (McKinsey, 2010) demuestran
que cuando un agente está a más de 15 minutos de distancia, la banca móvil sólo
se usa una o dos veces al mes. Pero cuando esta distancia disminuye a dos minutos,
la banca puede usarse hasta 30 veces al mes.
Finalmente, el tercer gran beneficio –y el de más largo plazo– es
que la banca móvil representa el primer paso para el uso generalizado de dinero
electrónico, lo que nos beneficiará a todos. Imaginemos por un segundo que
podemos recibir dinero y pagar la comida, la escuela, el agua o cualquier
servicio con un simple mensaje de texto. Esto nos ahorraría días de trabajo, muchas
comisiones en cajeros e inclusive la posibilidad de evitar
fraudes por cheques falsos y tarjetas clonadas. Sin embargo, estos
beneficios dependerán en gran medida de resolver los siguientes retos.